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Mostrando las entradas de diciembre, 2025

“Le pusieron por nombre Jesús”

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Solemnidad de María, Madre de Dios El Evangelio nos invita a fijarnos en algo que parece pequeño, pero que es decisivo: el nombre que recibe el Niño . San Lucas lo dice con una sencillez impresionante: “Cuando se cumplieron los ocho días, le pusieron por nombre Jesús.” No es un detalle secundario. No es una formalidad legal más. María y José no eligen el nombre. Lo reciben. Ese niño no se llama como su padre humano, ni como un antepasado familiar. Se llama Jesús , el nombre que el ángel había indicado. Y ese nombre tiene un significado muy concreto: “Dios salva” . La Biblia nos muestra que esto no es algo aislado. También ocurrió con Juan el Bautista. La familia quería llamarlo Zacarías, como su padre. Pero el ángel había dicho: Juan. Y el nombre se impone. No por capricho, sino porque la historia de la salvación no la inicia la costumbre ni la tradición familiar: la inicia Dios . Juan significa: “Dios es misericordioso” , y su misión será preparar el camino del Señor. Con Jesús ...

Permanecer o irse: la fe que resiste

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Dia septimo de la octava de navidad   Hay momentos en la vida en los que quedarse cuesta más que irse. Momentos en los que seguir parece más pesado que empezar de nuevo. Momentos en los que la fe, la vocación, la Iglesia o incluso una relación importante se sienten frágiles, cansadas, heridas. En esos momentos, muchos se hacen la misma pregunta —aunque no siempre se atrevan a decirla en voz alta—: ¿vale la pena permanecer? La Escritura no esquiva esta realidad. No idealiza la fe ni la comunidad. Al contrario, la nombra con una sobriedad casi desconcertante. La primera lectura de hoy dice algo fuerte, pero profundamente real: “Salieron de entre nosotros…” No como condena, sino como constatación. Desde el inicio de la historia de la fe, no todos los que están cerca permanecen. Algunos se van. Otros se cansan. Otros se pierden. Pero es importante aclarar algo desde el comienzo: permanecer no significa no dudar. No significa no pasar por crisis, preguntas, decepciones o herid...

Conquistar el mundo sin amar lo pasajero

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  (1 Jn 2:12–17 / Lc 2:36–40) San Juan hace una afirmación sorprendente: “Ustedes han vencido al Maligno.” No se lo dice a héroes visibles, sino a cristianos comunes. Y enseguida aclara que esta victoria no consiste en poseer el mundo, porque “el mundo y sus seducciones pasan” . El problema no es vivir en el mundo, sino absolutizarlo , dejar que dicte lo que es importante. Por eso San Juan nos recuerda que la verdadera fuerza del cristiano no está en lo que tiene, sino en que la Palabra de Dios permanece en él . El Evangelio nos muestra esta verdad de forma concreta. Ana no vence al mundo escapando de él, sino permaneciendo fiel . En silencio, en oración, en espera perseverante, ella no se deja definir por lo pasajero. Y por eso es capaz de reconocer al Mesías cuando llega. A lo largo de los años, como sacerdote, he visto esta misma victoria silenciosa en familias de nuestra parroquia. Recuerdo una en particular, muy sencilla, pero con criterios claros. Tenían posibilidades,...

Esteban: ni activista ni rebelde

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  Diciembre 26 La primera lectura de hoy nos presenta a Esteban de una manera muy clara. Hechos no lo describe como un activista ni como un rebelde. No aparece como alguien que busca provocar, ni como alguien que quiere ganar una discusión o imponer una idea. El texto lo define con tres palabras muy precisas: lleno de gracia, lleno de poder y lleno del Espíritu Santo . Y eso lo cambia todo. Esteban no habla por estrategia. No se defiende con violencia. No responde con odio. Simplemente da testimonio , y lo hace desde una profunda docilidad al Espíritu. Se cumple en él exactamente lo que Jesús había prometido: “No serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes.” Esto es muy importante para nosotros hoy, porque vivimos en una sociedad profundamente polarizada. Una sociedad que constantemente nos empuja a tomar partido, a escoger un bando, a reaccionar de inmediato. Basta con levantar la voz para decir que uno no está de acuerdo con algo p...

Dios respondió a nuestros deseos

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Navidad – Misa del Día   El ser humano no es, ante todo, un ser definido por sus errores. En lo más profundo, el ser humano es un ser de deseo. Vivimos movidos por lo que anhelamos. Deseamos amar y ser amados, ser vistos y comprendidos, no estar solos. Deseamos que la vida tenga sentido, que sea algo más que el simple paso de los días. Y esto no es un problema ni una falla. Así fuimos creados. El deseo no es pecado; el deseo es la huella de Dios impresa en el corazón humano.   El drama de los comienzos no fue el hecho de desear. Fue desear mal. No fue querer ser como Dios, sino querer ser como Dios sin Dios. Eva y Adán no buscaron algo pequeño. Buscaron plenitud, vida y semejanza. Pero tomaron un atajo. Intentaron cumplir su deseo lejos de la confianza, lejos del tiempo de Dios y lejos del camino de Dios. Desde entonces, la historia humana está marcada por deseos mal orientados: búsquedas interminables, caminos que prometen mucho y dejan vacío, intentos de salvarse sol...

CUANDO EVA VUELVE A CASA

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  Navidad – Reflexión de la Misa de Media Noche Cada Navidad volvemos al mismo lugar. Un pesebre sencillo. María y José. Un Niño envuelto en pañales. El frío de la noche, la pobreza, el silencio. A lo largo de los años hemos aprendido a mirar esa escena. Hemos visto llegar a los pastores. Hemos seguido la estrella con los Magos. Hemos escuchado el canto de los ángeles. Y está bien. Es la escena que la Iglesia nos ha regalado para contemplar el misterio. Pero esta noche quisiera que miráramos el pesebre desde una mirada distinta , desde la historia que viene de lejos. Porque antes de María, antes de José, antes incluso de Abraham y de David, hubo una mujer. La primera madre. Aquella que conoció el jardín. Aquella que escuchó la voz de Dios en los comienzos. De ella nace, humanamente, toda nuestra historia. Eva. Aquella noche, en silencio, Eva se acerca al pesebre. Viene después de haber caminado largo tiempo con el peso de aquel primer error. V...

El fuego que revela el oro

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  Martes de la cuarta semana de Adviento La primera lectura nos ofrece imágenes muy fuertes. Habla del fuego del fundidor, de la lejía del lavandero, de aquel que se sienta a purificar la plata. Son imágenes intensas, pero profundamente esperanzadoras. Hoy quisiera detenerme solo en una de ellas: el fuego de fundición. Porque el fuego no actúa igual sobre todo. Al oro lo purifica. A la escoria la deja al descubierto. El fuego no inventa nada; revela lo que ya estaba allí. Por eso existe un refrán antiguo que dice: “El oro se prueba en el fuego, y el hombre en la adversidad”. Las pruebas no cambian a la persona; la revelan. Sacan a la luz lo verdadero, lo profundo, lo que realmente vale. Cuando el Evangelio habla de Juan el Bautista, la gente se pregunta: “¿Qué llegará a ser este niño?”. Juan fue un hombre pasado por el fuego. No buscó comodidades. No eligió lo fácil. Vivió en la austeridad, el sacrificio y la verdad. Ese fuego no lo destruyó. Lo purificó. Lo volvió ...

El cuarto deseo del corazón: no estar solos

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  IV Domingo de Adviento   Hemos llegado al cuarto Domingo de Adviento , y con él aparece un deseo profundamente humano, quizá uno de los más silenciosos y universales: el deseo de no estar solos . El deseo de compañía. El deseo de saber que alguien camina con nosotros y que nuestra vida importa para otro. A lo largo de este tiempo de Adviento hemos ido recorriendo, domingo tras domingo, algunos de los deseos más profundos del corazón humano . El primer domingo hablábamos del deseo de futuro y de esperanza , de saber que la vida no se cierra sobre sí misma. Luego reflexionamos sobre el deseo de justicia , ese anhelo de bien que habita en lo más hondo del ser humano. La semana pasada nos detuvimos en el deseo de alegría y de paz , una alegría que no depende de que todo esté perfecto, sino de sabernos sostenidos. Hoy, al llegar al cuarto Domingo de Adviento , aparece otro deseo igualmente profundo: el deseo de no estar solos , el deseo de compañía, el deseo de amo...

No ficción: cuando Dios interviene en la historia

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  Viernes de la Tercera Semana de Adviento El ser humano, a lo largo de la historia, tiende a cansarse de lo cotidiano. Cuando la vida parece repetirse, cuando las rutinas pesan y las respuestas no llegan, empezamos a buscar algo que nos saque de lo común. No siempre buscamos explicaciones profundas; muchas veces buscamos historias extraordinarias , relatos que nos entretengan, que nos hagan soñar, que nos devuelvan la sensación de que existe algo más grande que nuestra rutina diaria. Por eso, el mundo contemporáneo está lleno de superhéroes . El cine, las series y las novelas nos presentan figuras con poderes extraordinarios, capaces de salvar al mundo, de vencer el mal con fuerza sobrehumana. Son personajes fascinantes, pero al final son ficticios : nacen de la imaginación humana para llenar un vacío, para responder al deseo de que alguien venga y nos rescate de lo que no podemos resolver por nosotros mismos. Sin embargo, la Palabra de Dios hoy nos presenta algo mucho más sor...

José, el hombre justo que deja actuar a Dios

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  Jueves de la tercera semana de adviento La primera lectura del profeta Jeremías anuncia que Dios hará surgir un “renuevo justo” del tronco de David. No se trata de un rey poderoso según los criterios del mundo, sino de alguien que traerá salvación, justicia y paz . Esa promesa se cumple en Jesús, pero hoy el Evangelio nos invita también a fijarnos en otra figura clave: san José , a quien el Evangelio llama explícitamente hombre justo . Para nosotros, muchas veces, ser justo significa simplemente cumplir la ley. Pero en la mentalidad bíblica —y especialmente en la tradición judía— el hombre justo no es el que se queda en el mínimo de la ley , sino el que va más allá de ella, el que permite que la ley sea iluminada por la misericordia. La justicia, en la Biblia, no es dureza; es fidelidad al corazón de Dios. José conoce la ley. Y según la ley, tenía motivos para denunciar a María, para proteger su nombre, para defenderse. Sin embargo, el Evangelio nos dice que no quiso ponerla ...

“Dios escribe la historia”

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  Todos nosotros tenemos una historia. Una historia hecha de decisiones acertadas y de errores, de momentos luminosos y de páginas que preferiríamos no releer. Ninguno llega hasta aquí con una vida perfectamente ordenada. Y, sin embargo, estamos aquí. Respirando, creyendo, esperando. Eso ya dice algo importante. Cuando uno escucha hoy esos nombres antiguos de la Biblia —nombres que suenan lejanos, difíciles, incluso extraños— puede pensar que no tienen mucho que ver con nosotros. Pero si nos detenemos un poco, descubrimos que detrás de cada nombre hay una vida real, frágil, incompleta. Hay pecado, hay fallas, hay rupturas. Es una humanidad muy humana. Y es justamente ahí donde ocurre algo decisivo. Porque Dios no espera a que la historia humana sea impecable para entrar en ella. No se mantiene a distancia. No borra lo que ha sido. Dios no niega la historia humana; la atraviesa para darle sentido. La Encarnación sucede dentro de esa historia concreta, con sus luces y sombras,...

Cuando Dios obra sin ruido

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  Martes de la III semana de Adviento El profeta Sofonías nos habla hoy de un resto pobre y humilde . Y al meditar estas lecturas, pensaba que muchas veces Dios obra así: sin ruido, sin espectáculo, sin llamar la atención . Después de denunciar a la ciudad orgullosa, autosuficiente y cerrada a Dios, el Señor hace una promesa sorprendente: “Yo dejaré en medio de ti un puñado de gente pobre y humilde. Este resto de Israel confiará en el nombre del Señor.” Cuando escuchamos la palabra resto , solemos pensar en algo pequeño porque es débil o insignificante. Pero en la Biblia no es así. El resto no es el que fracasa; el resto es el que permanece fiel . Es el pueblo que no se impone, que no presume, que no hace ruido, pero que sigue confiando en el Señor. El salmo responde hoy con una certeza profunda: “El Señor escucha el clamor de los pobres.” No el ruido de los poderosos, no la voz de los que se justifican, sino el clamor sencillo y perseverante de los que saben que necesitan a...

La alegría que florece en el desierto

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  La alegría que florece en el desierto   La semana pasada, aquí en Wyoming, vivimos algo que para muchas personas resulta difícil de imaginar. El viento sopló con una fuerza impresionante. Ráfagas tan intensas que provocaron accidentes, volcaron trailers y recordaron, una vez más, que esta tierra no siempre es fácil. Para quienes no conocen Wyoming, estas historias pueden sonar aterradoras. No son pocos los que, al escucharlas, piensan que vivir aquí es demasiado duro, que no vale la pena. Sin embargo, quienes hemos decidido quedarnos, quienes hemos aprendido a vivir en esta tierra, sabemos algo más profundo. Wyoming no se entiende solo desde el viento, el frío o la nieve. Se entiende desde el amor que se le tiene, desde la decisión de permanecer, desde la confianza en Dios y desde el cuidado mutuo entre quienes compartimos este camino. Solo cuando uno aprende a mirar más allá de las ráfagas y del clima inclemente, comienza a descubrir una belleza que no siempre es eviden...

“Una Madre para los heridos”

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  Nuestra Señora de Guadalupe Hermanos y hermanas, Para comprender el mensaje de Guadalupe, necesitamos recordar la realidad en que vivía San Juan Diego. Los pueblos indígenas acababan de sufrir la caída de su mundo: guerras, epidemias, pérdida de familiares, destrucción cultural y un profundo vacío espiritual. Aunque sus antiguas civilizaciones eran ricas en arte, conocimiento y fe, también habían vivido conflictos entre tribus y formas de sometimiento. En medio de ese dolor, Juan Diego —humilde, pobre, recién bautizado y con un tío enfermo— representaba a un pueblo herido que buscaba consuelo. Y precisamente a él, al pequeño y al cansado, Dios envió a su Madre. Dios se acerca al que sufre La primera lectura de Zacarías nos invita a alegrarnos porque el Señor promete: “Yo mismo vengo a habitar entre ustedes.” Esta promesa estaba dirigida a un pueblo frágil, inseguro, que no encontraba su lugar. Y esa fue exactamente la experiencia de Juan Diego y de tantos hombres y mujeres...

“Dios toma al débil de la mano y lo hace fuerte”

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    Hermanos, la Palabra de hoy comienza con una de las frases más tiernas y más poderosas de toda la Escritura: “Yo, el Señor, te tengo asido por la mano; yo mismo soy tu ayuda.” No es una orden, ni un reproche. Es un gesto. Un Padre inclinándose para levantar al hijo que apenas puede caminar. Israel se sentía frágil, sin importancia, pequeño frente a imperios enormes. Isaías lo llama “gusanito de Jacob”, no para humillarlo, sino para recordarle que su valor no depende de su tamaño, sino de la mano que lo sostiene . Y en ese contexto surge una imagen sorprendente: “Te he convertido en un trillo nuevo, de dientes dobles.” Un trillo de dientes dobles, en tiempos bíblicos, no era herramienta ligera; era un instrumento fuerte, reforzado, capaz de romper lo duro, de nivelar terrenos imposibles, de preparar el suelo para recibir la semilla. Es como si Dios dijera: “Tú te sientes débil… pero en mis manos eres capaz de enfrentar lo que antes te aplastaba.” Isaías contin...

Cuando el cansancio se vuelve un lugar de encuentro con Dios

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  Cuando el cansancio se vuelve un lugar de encuentro con Dios   Hermanos, todos conocemos el cansancio. El cansancio del cuerpo, el cansancio del alma, el cansancio que uno siente en los huesos, en la mente, en el corazón. Isaías lo reconoce con mucha honestidad: “Hasta los jóvenes se cansan y se rinden; los más valientes tropiezan y caen.” La Biblia no maquilla esta experiencia. No dice que el que cree nunca se cansa. Al contrario: el cansancio es parte del camino humano… y también del camino espiritual. Y aquí aparece la primera luz del texto: el cansancio no es un signo de poca fe. Es, más bien, el lugar donde la fe comienza a hablar . Porque cuando uno está agotado, cuando siente que ya no tiene fuerzas, allí descubre que necesita apoyarse en Otro. Descubre que no camina solo. Descubre que la vida espiritual no es un concurso de resistencia, sino una relación de confianza. Isaías nos lo recuerda: “Él da vigor al fatigado y al que no tiene fuerzas, energía...