Esteban: ni activista ni rebelde
Diciembre 26
La primera lectura de hoy nos presenta a Esteban de una manera muy clara. Hechos no lo describe como un activista ni como un rebelde. No aparece como alguien que busca provocar, ni como alguien que quiere ganar una discusión o imponer una idea. El texto lo define con tres palabras muy precisas: lleno de gracia, lleno de poder y lleno del Espíritu Santo.
Y eso lo cambia todo.
Esteban no habla por estrategia.
No se defiende con violencia.
No responde con odio.
Simplemente da testimonio, y lo hace desde una profunda docilidad al Espíritu. Se cumple en él exactamente lo que Jesús había prometido: “No serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes.”
Esto es muy importante para nosotros hoy, porque vivimos en una sociedad profundamente polarizada. Una sociedad que constantemente nos empuja a tomar partido, a escoger un bando, a reaccionar de inmediato. Basta con levantar la voz para decir que uno no está de acuerdo con algo para que automáticamente sea colocado del “otro lado” de la balanza. Y entonces comienza la lógica del enfrentamiento: defenderse, atacar, responder, gritar más fuerte.
Pero esa no es la lógica del Evangelio.
La Iglesia no nació como un movimiento de activistas ni como un grupo de rebeldes ideológicos. El testigo cristiano no es alguien que se deja arrastrar por la pelea del momento, ni alguien que se compra al mejor postor. El verdadero mártir —y Esteban es el primero— es aquel que no se deja comprar, ni por la derecha ni por la izquierda, ni por el miedo ni por el aplauso.
Esteban muere sin odio.
Muere perdonando.
Muere confiando su espíritu a Dios.
Y eso, en una cultura que nos exige reaccionar, tomar revancha y ganar, puede parecer debilidad. Puede parecer ingenuidad. Pero en realidad es la fuerza más grande que existe: la fuerza de quien no vive desde el ego ni desde la ideología, sino desde el Espíritu.
San Esteban nos recuerda hoy que el cristiano no está llamado a ganar discusiones, sino a permanecer fiel. No a imponerse, sino a dar testimonio. No a vencer al otro, sino a amar incluso cuando cuesta la vida.

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