Aprender a escuchar cuando Dios habla

Miercoles de la semana 1 del Tiempo ordinario 


La historia de Samuel comienza en un tiempo difícil.
La Biblia lo dice con honestidad: la palabra del Señor era rara.
No era que Dios hubiera desaparecido,
pero su voz no era clara,
no se oía con facilidad.

Samuel es un niño que sirve en el templo.
Está en el lugar correcto.
Hace lo que tiene que hacer.
Pero todavía no sabe reconocer la voz de Dios.

Y esto es importante para nosotros.
Porque muchas veces pensamos que escuchar a Dios es algo automático, inmediato.
Como si bastara estar en un espacio religioso,
o cumplir con lo que se espera,
para entender con claridad qué quiere Dios de nosotros.

Pero la experiencia de Samuel nos dice otra cosa:
escuchar a Dios se aprende.

Dios llama.
Samuel responde.
Pero se equivoca.
Corre hacia Elí.
Y vuelve a equivocarse.
Tres veces.

No porque Samuel sea torpe.
Sino porque distinguir la voz de Dios
no es tan fácil como pensamos.

Muchos vivimos así.
Sentimos inquietudes, preguntas, movimientos interiores.
Pero no siempre sabemos si vienen de Dios,
si son solo nuestros miedos,
o si son voces externas que nos presionan.

Y entonces aparece Elí.
Un sacerdote anciano, cansado, que ya no ve bien.
Él tampoco escucha la voz.
Pero discierne.

Elí no reemplaza a Dios.
No habla en su nombre.
Pero ayuda a Samuel a entender lo que le está pasando.

Aquí hay una enseñanza clave:
Dios muchas veces nos habla
a través de mediaciones humanas.

A través de personas concretas.
De alguien que nos escucha.
De la comunidad.
De la Iglesia.

Escuchar a Dios no es un acto aislado.
Necesita humildad.
Necesita aceptar ayuda.
Necesita aprender a interpretar lo que vivimos.

Cuando Samuel finalmente responde:
“Habla, Señor, que tu siervo escucha”,
no todo se resuelve de golpe.
Pero la relación cambia.

Desde ese momento, Samuel aprende a escuchar.
Y con el tiempo, la Palabra vuelve a tener camino.
Lo que Dios dice, se cumple.
Y el pueblo reconoce en Samuel una voz confiable.

Y aquí aparece el fruto final:
la vocación nunca es solo para uno mismo.

Samuel no es llamado para sentirse especial.
Es llamado para servir a un pueblo
que necesitaba orientación, verdad, esperanza.

Dios habla a Samuel
para que Israel vuelva a escuchar.

Hoy la pregunta es sencilla:
¿estamos dispuestos a aprender a escuchar a Dios,
aunque su voz no sea inmediata,
aunque necesitemos mediaciones,
aunque nos equivoquemos al principio?

Porque cuando alguien aprende a escuchar de verdad,
Dios no solo transforma su vida,
sino que lo convierte en instrumento para otros.

Amén.

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

“Una Madre para los heridos”

Cuando el cansancio se vuelve un lugar de encuentro con Dios

Cuando olvidamos quiénes somos