La fe que ve más allá del instante
(2 Macabeos 7,
1.20–31)
Hay momentos en la
vida en los que el dolor nos encierra.
Una noticia médica, la pérdida de un ser querido, una situación que nos
sobrepasa… y de repente todo se reduce a ese instante que duele. Es difícil
mantener el horizonte cuando el sufrimiento ocupa todo el paisaje.
La Escritura hoy
nos presenta a una madre que vivió un dolor imposible de imaginar: ver sufrir a
sus hijos, uno tras otro. Y sin embargo, su espíritu no se quebró. No se
desmoronó. No se rindió.
¿Por qué?
Porque su fe no era una evasión, era una perspectiva.
Ella no negó lo que estaba pasando. Lo enfrentó, pero mirando más allá del
instante. Y sus palabras lo revelan:
“El Creador del universo te devolverá el aliento y la vida.”
No es resignación.
No es minimizar el dolor.
Es la certeza de que la última palabra no la tiene la muerte, sino Dios.
La fe cristiana no elimina el dolor, pero nos da perspectiva dentro del
dolor. Nos recuerda que lo que vivimos hoy no es toda la historia, que la
página que duele no es el libro completo.
Quiero compartir
una experiencia.
En mi primer año como sacerdote conocí a una madre con varios hijos varones.
Todos se habían ido por caminos de violencia: guerrilla, paramilitares,
ejército. Con el tiempo, uno tras otro murieron en aquel conflicto. Ella cargó
un dolor tan grande como el de la madre de los Macabeos.
Veinte años
después, cuando ella ya era mayor y estaba muy enferma, tuve la oportunidad de
hablar con su nieta, aquella niña que la acompañaba a misa tomada de la mano.
Me dijo: “Mi abuela siempre lo recuerda, padre. Y aún conserva la Biblia que
usted le regaló.”
Ella murió hace un par de años, pero antes de partir seguía aferrada a la
Palabra de Dios, esa Palabra que la sostuvo en los momentos más oscuros.
Y yo entendí algo profundo: la fe que mira más allá del instante es la que
sostiene toda una vida.
Cada uno de
nosotros también conoce momentos difíciles: miedos, pérdidas, silencios,
enfermedades, decisiones pesadas.
La fe no nos pide negar el dolor; nos invita a no quedarnos atrapados en él.
Nos susurra lo mismo que aquella madre valiente:
“Esto es real, pero no es definitivo.”
Pidamos hoy una fe
así:
una fe que no huya de la realidad,
pero que no se deje encerrar por ella;
una fe que mira más allá,
que espera más allá,
que ama más allá.
Una fe que, aun en
la oscuridad, ya está mirando hacia la resurrección.

Comentarios
Publicar un comentario